La renovación natural de los minerales, por Ricardo Alonso

En líneas generales los recursos naturales se clasifican en renovables y no renovables.
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Los renovables son aquellos que, como su nombre lo indica, se renuevan con el paso del tiempo, entre ellos los relacionados con la biota, las energías del sol y del viento, o el agua en sus tres estados.

Así, los bosques, las poblaciones animales, los ríos y todo lo que está sometido a la interacción dinámica y cíclica de la atmósfera, biósfera, hidrósfera y criósfera, se consideran renovables.

En cambio los no renovables son aquellos relacionados con la litósfera y que una vez extraídos y usados ya no tienen posibilidades de renovación. Salvo un porcentaje menor por reciclaje industrial. En ese campo de los no renovables caen los minerales metalíferos, no metalíferos, nucleares, hidrocarburos y rocas de aplicación.

Ahora bien, desde el momento que la litósfera es dinámica y renovable en el tiempo geológico, los recursos minerales también lo son. Sin embargo, esta renovación en la mayoría de los casos es a plazos tan largos, no humanos, que deja fuera el concepto del planteo desde lo actual.

De todos modos existe una acumulación y una concentración en el espacio y en el tiempo como producto de una larga herencia metalogénica y que es la formadora de los depósitos minerales. Las leyes geológicas, geoquímicas y metalogénicas van concentrando y acumulando elementos químicos a lo largo del tiempo hasta formar depósitos que pueden ser explotados económicamente.

El hombre es una coordenada más en el devenir geológico que encuentra un determinado estado de situación que no estaba allí algunas unidades de tiempo antes y que tampoco estará allí algunas unidades de tiempo después. Vamos a considerar aquí una serie de sustancias minerales que son renovables, incluso en tiempos humanos.

Las evaporitas

Tomemos por caso a las evaporitas. Estas son un conjunto de minerales que se forman por evaporación y que tienen una gran importancia, en la vida moderna, en numerosas industrias (química, farmacéutica, construcción, etcétera). Entre las principales evaporitas se tiene el cloruro de sodio o sal común, el sulfato de sodio (mirabilita, thenardita), el carbonato de sodio (trona, natrón), el sulfato de calcio (yeso, anhidrita), los cloruros de potasio y magnesio (silvita y carnalita), los boratos (bórax, ulexita), entre otros.

Algunas se forman en ambientes marinos y otras en lagos salados continentales de clima árido. Las marinas son perfectamente renovables ya que dependen de una fuente de materia prima “inagotable” como es el agua de mar y otra fuente también “inagotable” como es la energía solar. De allí que las aguas marinas se concentren por evaporación hasta convertirse en salmueras y estas precipiten por solubilidad los distintos tipos de sales.

Además de las sales, el yodo puede recuperarse también en forma renovable del agua de mar. En los lagos salados secos de ambientes continentales se tiene una renovación anual de sales como el cloruro de sodio, carbonato de sodio o sulfato de sodio.

 Salares y salinas

El ejemplo más notable es el de la sal común en los salares y salinas continentales. Si se toma como ejemplo el ambiente de los Andes Centrales y más concretamente la región denominada Altiplano -Puna puede observarse una variación regional en sentido norte- sur y también este - oeste en el contenido de las distintas cuencas. Esto en razón de que los Andes reciben toda su carga de humedad por los vientos del este, los que se originan en esa amplia esponja húmeda que es el Amazonas, Mato Grosso y Gran Pantanal.

Esos vientos húmedos son empujados contra el borde andino donde descargan las precipitaciones en forma diferencial en función del efecto de barrera orográfica de las sierras, serranías y montañas que crecen en altura hacia el oeste. Cuando logran pasar hacia el Altiplano - Puna van a generar ambientes más húmedos o menos húmedos de acuerdo a la carga de precipitaciones que reciban y es esa la razón por la cual existen lagos (Titicaca y Poopó en Bolivia), lagunas (Pozuelos, Guayatayoc, Vilama, en Jujuy), salinas (Salinas Grandes, Salta - Jujuy) y salares (Uyuni en Bolivia y decenas de salares en la Puna argentina tales como Arizaro, Hombre Muerto, Antofalla y otros).

Hacia el este, donde llega mayor humedad, muchos salares tienen lagunas internas (Pastos Grandes y su laguna homónima y Hombre Muerto y la laguna Catal), mientras que hacia el oeste se alcanzan grados muy altos de aridez dando salares secos, con superficies salinas fósiles y en vías de destrucción (Arizaro, Rincón, Pocitos, Antofalla, etcétera).

Los ambientes intermedios, esto es los que se inundan en la época de verano y se desecan en la época invernal, tal el caso de las Salinas Grandes de Salta y Jujuy es donde mejor puede estudiarse el fenómeno de la renovación anual de la sal. Allí todos los años con las llegadas de las lluvias en la corta estación del verano austral, entre diciembre y marzo, las salinas se inundan con una delgada lámina de agua.

 Esta agua llega dulce y disuelve la sal superficial enriqueciéndose en solutos. Al llegar el invierno se seca por la fuerte evaporación reinante y cristaliza dando una fina capa blanca de sal pura o sal gema que resplandece al sol como un espejo.

Esta sal se renueva año tras año y también año tras año es extraída mecánicamente del salar mediante el raspaje de una cuchilla de motoniveladora obteniendo comercialmente la llamada “sal de raspado”. Avanzado el invierno el polvo eólico comienza a ensuciarla con un color pardo claro. Si se corta un pan de sal, tal como lo hacen desde hace siglos los salineros, se puede apreciar que existen capas claras y capas marrones que se repiten cíclicamente. Esto demuestra las alternancias anuales de periodos húmedos y secos. El grosor de cada una de las capas será un indicativo de cual evento predominó en ese ciclo anual y entonces podrá tenerse idea si fue un lapso de años más lluviosos o menos lluviosos, lo que en la región está en directa relación con los años El Niño / La Niña.

El tamaño de la salina y su cuenca de alimentación en relación al tamaño exiguo de las explotaciones, muestran claramente la renovabilidad de las sales en este tipo de ambientes altoandinos. Asimismo, a una determinada profundidad y por debajo de la costra salina de los salares se encuentra el nivel de agua que en las partes centrales está altamente concentrada en sales dando lugar a una salmuera (brine). Estas salmueras pueden tener diez o más veces la concentración salina del agua de mar en el contenido total de sólidos disueltos. Ellas son portadoras de elementos químicos alcalinos y alcalino-térreos valiosos como el litio, potasio, magnesio, rubidio, estroncio y cesio, entre otros.

 El litio

¿Es el litio un elemento renovable? La respuesta es sí y es no.

La respuesta es sí, porque el litio proviene del lixiviado (lavado) de rocas volcánicas (que se siguen lavando del entorno de los salares) y de los manantiales y fuentes termales (que siguen funcionando en los bordes y alrededores de los salares), aportando en todos los casos valores de litio a las salmueras de los salares.

Un ejemplo concreto es la fuente termal de Antuco (cerca de Olacapato) que aporta diariamente 151 mg/l de litio al río Antuco, cuyas aguas drenan hacia el salar de Cauchari (Jujuy). A partir de allí pueden realizarse cálculos sencillos tomando el caudal horario y multiplicándolo por día, por año, por década, por siglo, o por milenio y se puede tener una idea de cómo una sola fuente de agua termal volcanogénica está renovando el litio en uno de los salares de la Puna. Solo esa fuente en los últimos 300 mil años aportó cuatro millones de toneladas de litio al salar. Pero por otro lado la respuesta sería no, porque en caso de la explotación de un salar la extracción de salmuera podría ser mucho mayor que el aporte que reciba en tiempos humanos.

O sea, podemos decir que es renovable en tiempos geológicos (sin dudas), pero esa renovación es muy lenta para suplantar lo que pueda hacer el hombre en cortos tiempos humanos. Hay entonces un lento enriquecimiento de litio a las salmueras de los salares, que hace que de alguna manera el recurso pueda considerarse como renovable, pero la discusión es la cantidad de tiempo involucrado. La salmuera, por su sobresaturación, es una sustancia densa y el litio vale si es que podemos recuperarlo de forma económica y sustentable generando trabajo y riqueza genuina.

Otro caso de minerales renovables es el de los áridos. Estos incluyen a los materiales pétreos generados en forma natural por la meteorización, erosión y transporte de los detritos rocosos liberados por fenómenos físicos en ambientes serranos y montañosos. Los orógenos o cadenas montañosas están creciendo a partir del empuje sin prisa pero sin pausa de las placas tectónicas.

A medida que una región montañosa o cordillerana se eleva hay otra región que se está hundiendo en razón de un mecanismo de compensación llamado isostasia. Esto lleva a que las aguas de precipitación comiencen a formar canales que se van profundizando para dar ríos y quebradas, cortando los relieves montañosos y liberando rocas que, por rodamiento, choque y golpeteo, van achicando su tamaño para generar desde piedra bola y cantos rodados, pasando por gravas y arenas de distintas granulometrías, hasta llegar al limo y las arcillas.

Mientras las montañas se sigan elevando y los ríos sigan profundizando en ellas, la provisión de áridos se mantendrá activa. Todos los años, con las crecientes, los ríos reacomodan los materiales de su cauce dando lugar a bancos diferenciados de gravas, arenas y limos. En tiempos geológicos y también en los breves tiempos humanos los áridos son materiales renovables.

Fuente: El Tribuno

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