El desafío es que las comunidades puedan sostener su futuro más allá de la mina

Durante Argentina Mining Norte 2026, representantes de SSR Mining compartieron la experiencia de ocho años de trabajo con 17 comunidades de la Puna jujeña. Proveedores comunitarios, turismo, producción de llamas y programas y fondos de desarrollo forman parte de un proceso que busca generar capacidades y reducir la dependencia de la actividad minera.
 
Jujuy10/09/2026Minería SustentableMinería Sustentable

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La minería está transformando la Puna, y uno de los grandes desafíos es que esa transformación pueda sostenerse más allá de la vida de un proyecto. Sobre ese punto giró gran parte de la presentación en Argentina Mining Norte 2026 realizada por SSR Mining. Edgardo Volpi, gerente de Recursos Humanos y Relaciones Comunitarias junto a Telma Zemplin, superintendente de Relaciones Comunitarias de la empresa, compartieron la experiencia desarrollada durante los últimos ocho años alrededor de las operaciones de Pirquitas y Chinchillas, en Jujuy.

La compañía trabaja actualmente con 17 comunidades de la zona y el proceso, según explicaron, fue evolucionando con los años. Para Volpi, el objetivo ya no pasa solamente por desarrollar programas o financiar iniciativas, sino por generar capacidades que puedan permanecer en el territorio.

“Más allá de desarrollar proyectos, en realidad tenemos que desarrollar capacidades”, fue uno de los conceptos planteados durante la exposición.

Y detrás de esa idea aparece una pregunta mucho más compleja: ¿Cómo lograr que las oportunidades que genera una operación minera no terminen generando dependencia? Ese es el trabajo que se está realizando expresó Zemplin.

 

Una convivencia que genera oportunidades y también impactos

Según comentó el gerente de RRHH y RRCC, la relación entre la operación y las comunidades cambió especialmente con la incorporación de Chinchillas, ya que Pirquitas había funcionado durante años con una estructura más cercana a la de un enclave minero. Con Chinchillas, la situación fue diferente, porque el transporte de mineral hacia la planta implicó una circulación permanente por la Ruta 40 y el paso por distintas comunidades.

En ese momento "la mina pasó a formar parte de la vida cotidiana del territorio". “Estamos en una constante convivencia. Generamos oportunidades, pero también generamos polvo de los caminos. Generamos efectos buenos y malos típicos de la convivencia entre vecinos”, explicó Volpi durante la presentación.

A eso se suma otra característica de la región: la operación minera es una de las pocas actividades industriales de gran escala presentes en la zona, lo que obligó a construir una relación más cercana.

Para los representantes de SSR Mining, el primer paso fue entender que las comunidades tienen identidad, historia, costumbres y, sobre todo, tiempos que no necesariamente coinciden con los de una empresa.

“Primero hay que saber escuchar y, a partir de ahí, construir junto con ellos”, señalaron.

Con los años se fueron incorporando mecanismos de participación, espacios de diálogo y programas que permitieron avanzar hacia una relación más estructurada.

 

Foco en proveedores, turismo y nuevas actividades

Parte de ese proceso ya puede verse en iniciativas concretas. Durante la presentación se mencionaron programas de desarrollo de proveedores comunitarios, un fondo de desarrollo económico, hosterías, capacitaciones, producción vinculada a la llama y proyectos de turismo rural, entre otras experiencias. ¿El denominador común? Intentar ampliar las alternativas económicas disponibles en la región.

La mirada ya no está puesta únicamente en incorporar comunidades a la cadena de valor minera, sino también se trabaja para acompañar actividades que puedan desarrollarse por fuera de ella. Ahí aparece el turismo como una posibilidad clave.

Actualmente se está formando una primera camada de guías de turismo y existe expectativa alrededor del potencial turístico de la Puna, una región que todavía tiene mucho margen para crecer en comparación con otros destinos del norte argentino.

Para SSR Mining, acompañar esas iniciativas forma parte de pensar desde ahora en un escenario futuro en el que la operación minera pueda reducir su actividad o eventualmente finalizar.

 

Cómo evitar la dependencia de la mina

Uno de los temas más interesantes de la presentación fue justamente la dependencia que puede generarse alrededor de una operación.

La respuesta que encontraron desde la empresa, después de varios años de trabajo, fue avanzar hacia un modelo donde las propias comunidades tengan cada vez mayor participación y control sobre los programas.

Según explicaron, muchas de las iniciativas son gestionadas por las propias autoridades y organizaciones comunitarias, identificando y capacitando líderes que puedan asumir un rol activo en su desarrollo. La empresa acompaña el proceso, aporta herramientas y brinda apoyo en la gestión. El objetivo es fortalecer a los proveedores vinculados a la actividad, diversificando sus capacidades y generando oportunidades que les permitan desarrollarse tanto dentro como fuera de la cadena de valor minera.

Corresponsabilidad y construcción de capital social

“Nosotros somos parte, pero no somos el todo”, resumió Telma Zemplin.

En la práctica, la corresponsabilidad significa que la empresa puede funcionar como un aliado estratégico, pero también ayudar a vincular a las comunidades con el Estado, productores, instituciones y equipos técnicos.

La intención es ampliar la red alrededor de cada iniciativa y evitar que toda su continuidad dependa de un único actor.

En ese recorrido, cobra valor el concepto de "capital social". Para SSR Mining, fortalecer organizaciones, mejorar su capacidad de gestión y generar vínculos entre comunidades e instituciones puede terminar siendo tan importante como financiar un proyecto determinado.

Un trabajo de 8 años para que el desarrollo continúe

Durante la exposición remarcaron varias veces que se trata de un proceso que lleva ocho años y que todavía continúa. Con el tiempo, las comunidades fueron asumiendo un papel mayor en la definición de su propio futuro y también en la responsabilidad de sostener los proyectos. La empresa, al mismo tiempo, tuvo que ir aprendiendo a relacionarse de otra manera con el territorio.

Ese aprendizaje tampoco estuvo libre de dificultades, y se destacó la necesidad de articulación entre los tres actores: comunidades, Estado y compañía, que cumplen roles diferentes y cuyo equilibrio es parte central de la gobernanza del territorio. Después de ocho años, consideran que existe una relación mucho más madura, pero continuar fortaleciendo ese equilibrio es uno de los trabajos más complejos.

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Hacia adelante, se explicó que varios de los programas todavía tienen camino por recorrer. Algunos están en etapas iniciales, como la formación de guías turísticos, mientras que otros ya acumulan varios años de experiencia. El objetivo final es el mismo: que las comunidades puedan sostener actividades, organizaciones y proyectos sin depender permanentemente de la presencia de la empresa minera.

“El mayor desafío es que se conviertan en comunidades que puedan sostener su futuro”, planteó la superintendenta de RRCC sobre el cierre de la presentación.

Ya no se habla solamente de generar empleo, proveedores y movimiento económico mientras una mina está operativa, sino aprovechar esos años para construir capacidades que puedan quedar en el territorio. Porque una mina tiene una vida determinada. La comunidad, en cambio, seguirá ahí.

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