
En 2024 se importaron unos 1,05 millones de toneladas de fosfatos monoamónico y diamónico, dos fertilizantes ampliamente utilizados, por U$S 652 millones. Marruecos aportó alrededor del 63% de ese volumen, seguido por China.
Son toneladas de fertilizantes, no de fósforo puro, y esas dos categorías no abarcan todas las importaciones vinculadas con este nutriente. Una interrupción prolongada de las importaciones, sin suministros alternativos, comprometería la fertilización y los rendimientos, especialmente en suelos deficitarios.
Su efecto dependería de las reservas del suelo, los cultivos y la duración del problema. No volvería improductivo a todo el campo de inmediato, pero erosionaría una base esencial de su productividad.
Los precios ayudan a dimensionar la paradoja. Frente a los U$S 149 por tonelada de cal viva argentina importada por Chile en 2024, los fertilizantes mencionados promediaron aproximadamente U$S 611–625 por tonelada al ingresar a la Argentina ese mismo año.
Como referencia de las tierras raras, el óxido de neodimio-praseodimio (NdPr), utilizado para fabricar imanes permanentes, pasó de unos U$S 63 mil por tonelada el 9 de julio de 2025 a U$S 123 mil por tonelada el 18 de febrero de 2026 en el mercado chino. Son cotizaciones de fechas concretas, no promedios anuales. Aunque corresponden a productos, fechas y condiciones comerciales diferentes, estos valores ilustran que el precio de un insumo no determina por sí solo su importancia crítica de un mineral determinado.
La criticidad, por tanto, no se mide solamente en dólares por tonelada ni pertenece exclusivamente a la electromovilidad. También concierne a la minería tradicional, la agricultura y la alimentación. Cada país debe reconocer qué materiales necesita, quién puede suministrarlos y qué ocurriría si faltaran.
El verdadero valor crítico de un mineral se revela en lo que una sociedad dejaría de producir si no pudiera obtenerlo.
Las tierras raras no son tan raras, aunque obtenerlas puede resultar muy costoso. Más abundantes y económicos, los carbonatos nos rodean: están en el origen de la cal y del cemento con que construimos nuestros hogares y abastecemos numerosas industrias. El fósforo, menos visible en la vida cotidiana, es indispensable para producir los alimentos que llegan a nuestra mesa.
Los tres nos dejan una misma lección: un recurso puede ser crítico sin ser escaso ni caro. Para un país, lo decisivo es poder contar con él cuando lo necesita. Porque el verdadero valor de estos materiales también se revela cuando faltan.
*Profesor Emérito (UNC) [email protected]
Fuente: La Voz del Interior





























